​I’m already a demon

Gracias a I y E por su imprescindible ayuda a la hora de redactar este texto. 

Todo tiene un lado divertido. Incluso la burocracia.


Vereis: cuando entras en un país cuyos lenguaje y tradición son diferentes, es necesario un grado de precisión a la hora de identificarse. Por defecto, nunca obligación, en el Reino de España el sistema es el siguiente: nombre de pila (simple o compuesto), primer apellido del padre (ídem), y primer apellido de la madre (ibidem). La tradición allí es sugerencia, y el menor de los males. Las opciones son casi indefinidas. Y la sociedad es quien juzga el resultado, no los funcionarios y tribunales de turno. Con o sin drama mediático de por medio. 

En Rusia es ligeramente más complejo e interesante: nombre (con su correspondiente abreviatura que sorprendentemente trasciende la división entre el registro formal e informal; cuyo uso se justifica en la distinción entre fonemas. Nótese que es diferente de abreviaturas afectivas, jerga y otros usos.), patronímico (basado en la derivación del nombre de pila del padre, haciendo distinción según género a la hora de aplicar los sufijos ovich para hombre y ovna para mujer), y apellido (фамилия “familia”, que denominan procedencia desde la derivación gramatical y que, en el caso de la mujer, pueden proceder de su progenito o esposo). Otros usos son posibles aún siendo menos comunes y, detalle importante, encontrándose fuera de la esfera burocrática. 

En la actualidad tengo más de media docena de nombres: el real, el que aparece en el visado expedido por el gobierno de la Federación Rusa (y su correspondiente renovación), el redactado por el funcionario del aeropuerto tras la llegada al país, el del registro de la Universidad (dos versiones: carnet de estudiante y tarjeta electrónica), el de las tarjetas de crédito rusas (dos, de nuevo), y el del presente registro en la ciudad de Moscú (que junto con el de la Tarjeta Social es el único que he podido redactar yo, y en este caso es el más aproximado al real). 

Esta inercia y ausencia de preguntas a la hora de adoptar un nombre extranjero va de la mano de una combinación entre un entrañable desconocimiento de cómo funciona el resto del mundo y la sacrosanta furia del funcionario medio local. Propulsado por un sentido del deber basado en la finalización del trabajo, pero no siempre en la comprobación de su calidad. Ni siquiera aquellos que tienen vínculos y ascendencia son inmunes a estas cabriolas burocráticas. Mientras el estupendio llegue, los documentos sigan en regla y la ley se cumpla, estas consecuencias lingüísticas previsibles pueden durar. 

El sistema ruso es sorprendentemente analógico. Fuente de reflexión y futuro material que escribir y publicar. Paso a paso: vendrá cuando corresponda. Y como el diablo, ahora tengo muchos nombres.

Bien. 

Nota final: el término familia en ruso es семья el cual es similar a семь (siete). 

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