Alternativas e Hidra

Hoy he leído un post de uno de mis antiguos jefes en su perfil de Facebook. En él protesta contra su censura institucionalizada y las condiciones que impuestas. Dichas condiciones se resumen en sus términos y normas descritas en el momento que cualquier usuario decide crear su propio perfil personal y/o página. En el caso de que se produzcan modificaciones, estas son anunciadas. Y si alguien cree que fuentes externas a la propia red social no vigilan y advierten de posibles casos de mala praxis, es quedar corto de miras. La censura duele cuando ataca actos bienintencionados. Aunque sus argumentos son válidos el enfoque está en el lugar y el problema equivocados. Su texto es una excepción: una obra de amor hacia la libertad, pero las siguientes quejas van encaminadas a gente que comparte objetivos similares con los peores argumentos posibles.:/

La censura está en todas partes y nos obligan a pensar de determinadas maneras. El miedo es reconducir a las masas a un futuro donde líneas de pensamiento únicas imperen perpetuamente. Y por el momento la realidad no podría ser más diferente:

  1. Facebook es otra red social más y sus términos y normas la condición de poder usarla. Si se acepta usarla. Al no existir obligación alguna e innumerables alternativas.
  2. Vivimos en un país que presenta serias limitaciones en libertades fundamentales y de expresión pero que, por el momento, no insta a un extremo control gubernamental al contrario que en otras zonas del planeta.
  3. El clima actual en algunos sectores. Está encaminando a la acción social de diversas minorías de gran pasión y poca retórica a intentar imponer un sistema de opiniones y criterios. Quiero pensar que desconociendo el hecho de que las opinionesdeben ser diversas. Y hasta contrarias, si se me permite decir.

Que alguien cuelgue contenido potencialmente problemático a sabiendas de dichas prácticas corporativas y suelte bilis tras el acto de la rápida y previsible censura resulta cándido la primera vez, cuando la inocencia e inexperiencia dominan dicha reacción. Pero por Dios, ¿no llevamos años suficientes como para saber quién permite qué y dónde? ¿No existen las suficientes maneras y lugares de consultar cómo hacer qué? ¿No tenemos suficiente conocimiento de cómo funcionan las leyes nacional e internacionalmente para diferenciar entre censura institucional y normas de una empresa privada cuyos usuarios deben admitir para poder usar dichos servicios, siendo estos una opción más entre muchas? La desnudez no es más que lo que se quiera pensar de ella[i]. Un acto y/o condición más propenso a ser usado como fuerza motivadora, acto definidor del carácter de uno mismo o, en este caso, drama barato y fácil que una mera circunstancia eventual[ii]. Aunque también hay, en mi opinión, postulados extremos: equiparar la desnudez con cualquier clase de lucha social es un recurso que lleva décadas agotado, considerar toda la desnudez como arte es sinónimo de recibir un necesitas aprender más y mejor sobre arte como respuesta[iii].

En estas ocasiones cuando me encuentro con dichas quejas y protestas pienso en dos cosas: una es el Protocolo Hidra y la otra es recordar las carencias en cuestión de propiedad intelectual que algunos países occidentales poseen. Ver cómo gente con la experiencia suficiente como para tener conocimiento del funcionamiento de las redes sociales, pero no la voluntad para ser coherente en sus actos, se queja sistemáticamente cansa. Y aquí es cuando les recitas (no a todos, sólo a los casos especiales[iv]) el Protocolo Hidra[v]: esta iniciativa tiene por propósito crear un sentido de falsa seguridad en aquellas mentes que presuponen que las redes sociales trabajan para los usuarios, y no a la inversa[vi]. De que si se realiza de manera insistente, saturar los servidores con material prohibido según las normas comunitarias (que no la legislación vigente) bastará para hacer presión popular y derrotar al sistema.

Es decir, en lugar de mirar los grandes y graves problemas existentes, el mundo será salvado hoy colgando fotografías de desnudos que parecen haber sido realizadas en el garaje de Ed Gein. La intención, si es que alguna vez existió, es enseñar algo simple: ¿Facebook no permite desnudos? Vienen a mi cabeza media docena de redes sociales mundialmente utilizadas que pueden permitir dichos contenidos. Y cuando digo mundialmente utilizadas quiero expresar lo suficientemente famosas y visibles como para que tus coleguis puedan ver las nuevas zurraspas mentales de hoy. Twitter y Tumblr son las primeras que me vienen a la cabeza: en ocasiones tan saturadas que aburren a los 5 minutos y hacen las delicias de aquellos que guardan todo lo que otros publican a sabiendas de que quizá sus autores se arrepientan.

Preservar la memoria es necesario.

¿Mi consejo? Haceros fans de artistas que utilicen como recurso los límites de la percepción física en redes como Instagram y Facebook, y aprended de ellos. Son putos maestros de colgar lo necesario, siempre acompañado de un enlace y/o referencia a otras webs/trabajos, para crear interés y redireccionar (es decir: sacarte de redes sociales que hasta tu abuela usa para llevarte a su terreno, lel). El resto es hacer el tonto y mirar para otro lado. Y cada queja de unos se convierte en carcajadas de otros.

¿Sabéis lo que me preocupa, y esto sí es ilegal[vii]? La manera en la que usamos Fair Use en nuestro país.

Fair Use es la capacidad de usar obras registradas en la propiedad intelectual y, bajo algunos términos y condiciones específicas según cada país, un largo abanico de posibilidades: crítica, parodia, análisis, etc. Con, y a veces sin, posibilidad de remuneración económica. Y no, no opera en España. La Unión Europea dispone de la posibilidad de hacer ciertas excepciones, a criterio de los gobernantes de cada país miembro, así que ya podéis imaginar las libertades aplicadas en este contexto.

Al igual que los límites de la libertad de expresión, la interpretación y aplicación del Fair Use (o su completa ausencia) define la creatividad de un país. Ver cómo mentes pensantes y cabales del Reino tienen que limitarse a sentarse en una silla y hablar frente a una cámara sobre una película [viii](por poner un ejemplo) en lugar de poder mostrar imágenes/secuencias/música de esta es desolador. La solución vuelve ser salir ahí fuera, y de paso hacer copias de seguridad para cuando la situación se joda.

Y esto, como la noción de que las redes sociales morirán tarde o temprano para mutar en otras más tarde, debe ser una prioridad.

Pero, eh, supongo que es más importante llorar por algo evitable y olvidable que constatar lo que cada día persiste, perjudica a la mayoría y enriquece a unos pocos. Y ojalá fuera sólo una cuestión de lobbies y corporaciones mediáticas desquiciadas, y no algo peor. Así que la próxima vez que alguien os venga con injusticias como unas fotos borradas por mera inconsciencia, dadle un abrazo mientras que decís tiernamente al oído “shhh… calla la puta boca y madura de una vez, coño”.

Prioridades.

 

Bob Ross ayuda.

[i] Un artículo necesario e inminente sería la reflexión sobre la saturación a través de la desnudez y su anulación progresiva de significación en la era del rápido y fácil, pero difícilmente digerido, culto al cuerpo. Y otros vómitos pseudointelectuales.

[ii] Y en casos excepcionales, verdadera belleza y arte inolvidables.

[iii] Y quizá sea porque lleve muerto por dentro después de mi experiencia en el sector desde el año pasado pero ver gente desnuda ya no me impresiona.

[iv] Have you ever wondered why we’re here?
What’s it all about, you’ve no idea.
And everywhere you look all you see is hatred, and darkness, death and fear.
But you know it doesn’t have to be,
that I hate you, and you hate me.
Cause even though we’re different, it doesn’t make a difference… and we can live in harmony.
No, you don’t know who I am,
but maybe I could hold your hand.
And together we can understand about love!

[v] Este nombre alude a la naturaleza de la bestia mitológica griega clásica.

[vi] Esto parte de la presunción de que dichas personas actúan con total honestidad al quejarse de dichos actos de censura. Sin embargo también puede tratarse de ataques de falsa bandera y/o maniobras publicitarias con el objetivo de sacar beneficios de un pretendido y artificial victimismo. La agresión alude a instintos primarios y paradójicamente las voces que cuestionan las inconsistencias de los relatos de dichas víctimas suelen ser mirados con desprecio convertido posteriormente en nueva, y en este contexto justificada, agresión.

Lo desolador de dicha mentalidad es que es permeable a cualquier estrato social, disciplina artística, cantidad de talento, e incluso catadura moral. Como con el mal, los casos más cercanos y propios de personas a las que antaño respetábamos, son los que más duelen y decepcionan. Más aún cuando la noción de que otra mentalidad, más peligrosa aún, aparece: las víctimas suelen ser usadas como mero megáfono social. Una manera de proyectarse socialmente y blindarse con máximas simplistas.

Un proceso de objetificación más. La persona deja de ser individuo y se convierte en unos pocos hechos y acciones. Se le niega la posibilidad de evolucionar, cambiar y redimirse. De progresar y mejorar. Y, al principio y final, de ser igual a quienes le están usando. Aparte, el drama no trae consigo talento ni reconocimiento real. Sólo es un breve ejercicio de masturbación social.

[vii] Y sigo hablando de asuntos mundanos y de no demasiada importancia.

[viii] No todo el mundo es capaz de hacer esto y entretener. Es decir: no hay mucha gente como RedLetterMedia.

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