High-Rise (2015, Ben Wheatley)

(Esta crítica ha sido redactada tras el pase de clausura de la 13ª Muestra Syfy de Cine Fantástico que tuvo lugar en Madrid los días 3 y 6 de Marzo del 2016)

He visto High-Rise y es fantástica. Definitivamente no sólo una gran adaptación del libro original de Ballard, sino como película por sí sola. Estamos aún en Marzo y ya hay dos películas (esta y Deadpool) que no sólo han sido agradables sorpresas sino que muy posiblemente estén en mi lista de las favoritas del año tras asegurarme con un segundo visionado. Y no, no cuento las que se estrenaron este año en España cuya fecha original es de 2015.

En la presentación previa a la película, Leticia Dolera la comparó con Snowpiercer. Y sinceramente las similitudes que se me ocurren es que ambos directores tienen un discurso y un manejo del tono (y ritmo) únicos. Destacan entre otros directores por su capacidad de manejar las emociones del espectador con una aparente simplicidad que desconcierta. Lo han demostrado en diferentes géneros a través de su obra y no dudo de que vayan a seguir haciéndolo. Al final del pase como película de clausura en el 13 Syfy de Madrid las caras de confusión eran frecuentes. Syfy es una muestra de cine fantástico de larga reputación y éxito. De vez en cuando se cuela una película de arte y ensayo que deja al público, como mínimo, desconcertado.

Esta es una de ellas.

Gracias a Dios que fui acompañado por un amigo que tiene experiencia en este sitio. Acabó haciendo de intérprete e historiador al explicarme de dónde venía cuál chiste y cuántas veces Dolera ha llegado a encarar al público. Gracias. Tú y la película sois las únicas razones de que no saliese corriendo.

El Doctor Robert Laing (Tom Hiddleston) no podría estar más contento. Recién mudado a una comunidad establecida en un rascacielos con toda clase de lujos al este de Londres. El Reino Unido de finales de los 70 que estuvo al borde de la perplejidad social y económica con la progresiva desintegración de su industria. Antes de la llegada de Thatcher, las cosas pintaban muy bastas. Después la cosa no mejoró demasiado. Igual que en esta historia.

Laing es un outsider, tantea psicológicamente a miembros de ambos bandos. Sus intentos por integrarse en cada una de las facciones tienen un éxito desigual. La estrategia de no tomar partido e ir picoteando de las ventajas y placeres producidos por la anarquía. Resultados que inducen a la locura. Polvos de reemplazo. Indiferencia y sociopatía disfrazadas de imperturbabilidad y ansia.

Laing mantiene un perfil bajo, siendo espectador de una rivalidad ascendiente convertida en decadencia y caos. ¿De qué?. No de huir del edificio y dejar su vida atrás. Tampoco de renunciar a su influencia, que es poca pero suficiente: nadie puede quebrarle porque nadie parece saber qué le interesa realmente. ¿Es el poder?, ¿la aceptación?, ¿el anonimato o la reconstrucción de su imagen social ante desconocidos partiendo de este? Su instinto es el de esperar, quizá sin tener idea alguna de a qué. Su baza es la frialdad inquebrantable con arrebatos de salvajismo. Wilder (Luke Evans, que posiblemente sea el mejor intérprete aquí) y Royal (Jeremy Irons) sintetizan los dos extremos: el ciudadano de clase media, endeudado y el primero en ser perjudicado por cualquier carencia; y el señor del edificio con su séquito perpetuo.

Ambos bandos carecen de juicio y razón algunos. No hay posibilidad de huida o de intervención externa. Esta no es una historia que deba ser tomada con extrema literalidad, al igual que la novela original. Los habitantes podemos ser nosotros, si no lo somos ya en otro contexto diferente, en otro conflicto cambiante. El edificio sólo es un corpus físico y sagrado que representa la última esperanza (sea de subsistencia o de poder sobre otros) de todos sus habitantes.

Un refugio en mitad del mundo real. Una isla de hierro, hormigón y cristal. Supermercado, gimnasio, guardería, aglomeraciones, fiestas, lucha de clases, terror. ¿Es el edificio el verdadero protagonista de la historia? Desearía volver a ver este título con alguien versado en la disciplina de la arquitectura. El propio edificio quizá sea el elemento más importante de la película, no por ser el principal marco de la acción desarrollada, sino por ser la transformación física de la degradación. Ballard siempre fue quirúrgicamente crítico y profético sobre la transformación de la psique humana por parte del espacio físico. De las tendencias arquitectónicas modernas.

El sexo indiscriminado, fiestas y el alcohol son sólo una prolongación de lo ya existente. Siguen siendo igual de inútiles que antes, salvo por un mero recordatorio de quién es qué. La violencia es la última despedida y cierre de rencillas incongruentes y prolongadas de manera infantil. Los gritos se apagan poco a poco. Las ruinas decoran de una manera perversa. Y los cadáveres son sólo notas a pie de página de los errores que llevaron al desastre. Al final todo se reduce en tener los medios básicos para poder vivir. Y si conseguirlos conlleva privar a otros, que así sea.

Wheatley y Amy Jump (colaboradora habitual en edición y guión) han conseguido lo que nadie creía posible: adaptar esta novela manteniendo una fidelidad a las ideas originales  y aún así creando algo nuevo y, quizá, mejorado. Como en El club de la lucha, este es un trabajo excepcional y sorprendente que deberá ser revisualizado durante generaciones. Británica hasta la médula, y por ello tan cruenta como sincera e inteligente. Al final sólo quedan propósitos rotos de futuro y un discurso de Margaret Thatcher. Y quieres más.

No hay uno sólo de los apartados que flaquee, salvo la banda sonora de Clint Mansell. Si tuviera que recordar el tempo y melodía de alguna de las piezas que ha compuesto con esta película y mi castigo fuese una bala en la cabeza hace semanas que no estaría aquí. Junto con The Wrestler y Black Swan, es una intervención puesta en un papel secundario, no por ello de peor calidad. Me gustaría volver a escuchar la banda sonora pero no estará disponible hasta Mayo.

Esta quizá no sea película adecuada para un festival como este. Quién puede culparles por intentarlo. Les felicito por haberse quedado hasta el final. Por 4 euros de entrada me juego que más de uno volvió a su casa con el cerebro medio roto y decidió ver A field in England para acabar el trabajo. Como hice yo. Como volveré a hacer. Con más gente, más comida y más armas. Y así vamos.

A pesar de todos los inconvenientes, High-Rise me ha dejado satisfecho. Preparado para seguir adelante y buscar perder la cordura. ¿Cómo exactamente? Aún no lo he decidido. Quizá esperar a Free Fire, el próximo título de Wheatley. Ambientado en el mundo criminal de Boston. Con Martin Scorsese de productor ejecutivo. Protagonizado por Brie Larson y Cillian Murphy. Con toda probabilidad haga un maratón de su filmografía el mismo día. Y después finalmente me volveré loco.

Oh, sí.

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Dirección: Ben Wheatley. Producción: Jeremy Thomas. Guión: Amy Jump, basada en la novela High Rise de J.G. Ballard. Fotografía: Laurie Rose. Música original de Clint Mansell. Montaje: Amy Jump y Ben Wheatley. Reino Unido, 119 minutos.

Protagonizada por Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, Elisabeth Moss y James Purefoy. Una producción Recorded Picture Company, Film4, British Film Institute, HanWay Films, Northern Ireland Screen e Ingenious Media.

Aún sin fecha de estreno en salas comerciales de España.

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