Technology

Nunca he respetado el sonsonete contra las nuevas tecnologías basados en el miedo de que “nos distancian/aíslan/embrutecen, alejan de quienes realmente somos”. ¿Qué significa esto, que un señor viene y te apunta a la cabeza cuando usas un ordenador diciendo “si te atreves a ser tu mismo morirás aquí y ahora, y después robaré tu gato”? Ya.

¿Sabes a qué me recuerda? A las tonterías paranoides de los 90 contra la televisión y los videojuegos. Lágrimas de rabia fueron derramadas. La gente protestó. Los expertos profetizaron el fin del mundo. Un ejército de adolescentes, TEC-9 en mano, con camisetas de Slipknot y música del Doom. Masacrando a todo lo que se moviese.

No pasó una mierda.

La idea es bien simple: no culpes al medio, sino al usuario. Este es quien quita y pone empresas y tendencias. Quien decide qué ver/comunicar, y de cuál manera. Usar redes sociales es una opción esperada y comprensible para hacer el cabra. Y en ocasiones dar con gente que puedas llegar a respetar. Qué coño, aún sigo usándolas para compartir textos como este y, más importante, enterarme de los eventos/cosas que a gente de confianza y sabiduría les interesan. Separar el grano de la paja.

Esto es diferente de limitar la comunicación a estas herramientas y medios. Y se aprende pronto: empieza con el desconcierto a edad temprana cuando descubres que ese tipo tan ingenioso por myspace/msn messenger es un brasas o un subnormal cara a cara. Una vez conocí a un ídolo de YouTube. Uno grande, de los que aparece en los medios antiguos hablando de cuánto cobra al año. Del rango “esta persona puede representar una influencia negativa en nuestra juventud, que son sus fans” en boca de expertos en juventud y nuevas tecnologías (otro día retomaré el tema. Este colectivo del ridículo y el horror se merece una elegía diaria).

Su mirada vacía se dirigía hacia el suelo frente la puerta de una discoteca mientras discutía calmada y seriamente algo con uno de sus mejores amigos (también partner), para poner piloto automático en cero coma al ver venir a otro grupo de fans pajeros se aproximaba. Fiestas de twitteros que en el mundo real tienen miedo a lo desconocido, el amor, el sexo con sobriedad mediante. O lo cortarrollos que es la integridad, esa hijaputa que produce comezón en alguna parte de tu cabecita cuando menos lo necesitas.

¿Alguien recuerda los programas tipo Diario de Patricia donde, a principios de siglo, era habitual ver a parejas que se habían conocido a través de un chat? De los tiempos del Irc y Terra pre messenger. Propio de “raros y fracasados” que tenían que usar eso o a matarse a pajas entre lágrimas amargas. Ahora casi se considera requisito imprescindible tener Tinder/Grinder/Adopta un tío/sucedáneos para ser alguien. Si no, para qué estás aquí.

En el otro extremo están quienes, por unos pocos que hacen mucho ruido, descartan redes enteras: que si Twitter es para gilipollas (y enseñar cacho), que si instagram es para flipados y hipsters con ínfulas (y enseñar cacho), que si tumblr sirve para agruparte con los que comparten tu propio género inventado y de acuñación reciente (y enseñar cacho y/o poblarlo todo de gifs pornográficos), que si youtube vale sólo para ver gameplays (y de paso montar tu propio canal y conseguir ser partner, enseñando cacho o no), etc.

Ya vais pillando la idea: el gran contraste. No el bueno tipo humor por contraste léase “el Papa entra en Lourdes y cambia su gesto para echar a los mercaderes de allí” sino “sin tiempo para pensar una réplica inteligente la gente se habría coscado antes de lo coñazo que soy”.

La distancia es siempre inevitable. Fotos realizadas una y otra vez hasta alcanzar lo deseado, para procesarlas por filtros y recortes predefinidos. Muchas con gestos y situaciones como clichés perpetuos, y finalmente los #hastags y mensajes de “qué bien nos lo estamos pasando”, “tq muuuuuuuuuuxo”, “los mejores oe oe oe oe”, o “pts tds”. Lo de siempre.

Entre eso y la nada, estará intentar comunicar a voz en grito lo que hay. O lo que creemos que hay. Otra situación es cómo se lo coman los demás. Las herramientas siempre han estado ahí… la manera en la que se aprovechen depende ya de cada uno.

Y, por qué no recordarlo, quienes tiran de tanta paparrucha y pesimismo suelen ser los mismos que utilizan internet para las cuatro cosas de siempre. Cuántas hemerotecas, archivos, conocimientos y tonterías semilegales a nuestro alcance que en una tarde podemos almacenar. Pero entre acumular y aprovechar/aprender hay una gran distancia. Oh, sí. Y este tema volverá a aparecer. Hoy no.

Con vuestro permiso tiro a hacer deberes, quizá algo útil si surge, y tal. Con videos chorras en el otro monitor. Por ejemplo:

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