Otra vez

Ante las acusaciones de enaltecimiento del terrorismo hacia Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez (acta de los juzgados aquí) tras la presentación de la obra La Bruja y Don Cristóbal para la compañía Títeres desde abajo el 5 de Febrero de 2016 en Madrid durante las fiestas de Carnaval (programa aquí), se ha vuelto a armar polémica. Justo un mes después de la cabalgata de Reyes. Antes de Semana Santa, pero aún con el recuerdo reciente del Cementerio de Carabanchel Bajo y la retirada de la placa dedicada a los beatos carmelitas asesinados en la Guerra Civil.

Otra vez.

El resorte inevitable de cualquier movimiento y agrupación social actual es la apropiación indebida de su doble papel como víctimas perpetuas y salvadores irresolubles de nuestra sociedad. Ellos son blanco y cura de todos los males que nos acechan, y por lo tanto el papel que adquiere cualquier proceso de diálogo se supedita a las premisas adoptadas por una paradójicamente jerarquizada estructura en pro de la justicia.

Las divergencias, discrepancias, disidencias, y demás consecuencias directas del pensamiento individual son relegadas a meros errores de pensamiento. Con o sin paternalismo mediante. O a actitudes represivas a favor de los peores crímenes imaginables. Todo según el juicio de quien las analice. Polarización extrema que, afortunadamente, mantiene esta hipocresía en unos niveles aceptables. En minorías de gran capacidad comunicativa pero poca contundencia a largo plazo.

En movimientos destinados a la indiferencia de la mayoría por pecar perpetuamente de soberbia, prepotencia, e incapacidad cerebral manifiesta. En nombre del bien, de su idea del bien, muchas personas adoptarán actitudes intransigentes. Alimentar un conflicto a través de la violencia y tensión, que cimienta la propia atracción o incapacidad de abandono del mismo, sin llegar a la agresión física directa: performances, protestas pacíficas, vandalismo menor, etc. Aceptando, desde luego, la asunción de que ciertos valores (aún perjudiciales y destructivos) pueden verse a conveniencia como aceptables. No por las cualidades morales de los mismos, sino por las opiniones de sus opositores sobre ellos. Al eliminar cualquier nexo, ideológico o humano, la desnaturalización es fácil.

Luchar por la libertad y el bien da miedo: es un proceso que, en las apariencias que percibe un mero iniciado como yo, está plagado de dudas, errores, lustros de ignorancia, y fallos morales severos. También de sacrificios, firmeza, y madurez en el momento de iluminación tras el cual comprendemos que consiste en permitir que otros digan, expresen o defiendan lo indefendible. Y viceversa. Dura mucho más allá que la premisa y la promesa. Perdura mucho más allá de la muerte, háyase estado marcada por el fracaso o el éxito.

Sin coherencia, todo lo anterior muere. Y todo este texto no define ninguna de las dos Españas, sino el espíritu revanchista lleno de sangre fácil que les inunda el alma.

Hasta la fecha de publicación de este texto he sido incapaz de dar con ningún comunicado oficial, reacción gubernamental, argumento, editorial, tuit, ensayo o columna en favor de Alfonso Lázaro de la Torre y Raúl García Pérez y su representación que tenga coherencia. Todo ha vuelto a repetirse: desde el insulto como respuesta a las instituciones implicadas en la acusación, pasando por el olvido y el desprecio frívolos a los colectivos afectados colateralmente (niños y, con chocante originalidad, víctimas de ETA. OTRA), y la eterna excusa de tratarse de humor/Charlie Hebdo/sátira/humor negro.

Otra vez.

Y, por favor, la sorpresa tonta ante el comentario de Botto en los Goya… pero si se veía venir desde la puta Estación Espacial Internacional. Él e Iglesias Turrión son viejos conocidos. No hay nada de malo en ello, pero… de nuevo: polémica innecesaria.

😦

Si hay libertad, hay libertad. No sólo a través del humor y la sátira que dicte una minoría, sino para expresar cualquier idea de quien sea. Ante quien sea, y como sea. Su precio es alto y doloroso, su legado frágil e inestable, y su objetivo bien simple: todos nosotros. Sin distinción posible alguna. Casi imposible, pero merece la pena…

El gobierno no debería hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios. Y un montón de gilipollas que sólo miran por los suyos, menos aún.

Pero nadie quiere esto. Muchos de los pretendidos libertadores sólo cambian la dirección y el significado a su manera de oprimir. Y sin el valor suficiente para reconocer lo que realmente es, salvo una idea personal disfrazada de manifiesto por la supuesta lucha por la libertad. Si vas contra ellos: la has cagado, amigo.

Los políticos, y en ocasiones también los artistas, no son seres humanos. Esta inútil polémica es otra prueba de ello. Pongan a quien pongan, esto no se arregla en dos días. Ni en dos siglos.

“Gñé.”

Y ahora, cada uno a lo suyo. Yo me veo esto de nuevo, que siempre es gracioso:

Auto de prisión del caso aquí.

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