“Sonríe”

Me contaba el otro día un profesor que en un debate de clase con motivo de todo lo que está pasando en este momento, le decía un estudiante muy convencido que la democracia era… “pues que la mayoría decida”. El derecho a decidir de la mayoría. Entonces el profesor… hubo un silencio y dijo: “muy bien,  ¿usted cree eso verdaderamente?” Dijo: “sí, sí, la ley se hace a partir de la mayoría.” Y dijo: “muy bien: pues ahora en esta clase vamos a votar si le damos una paliza entre todos. Cada uno que le de una bofetada. ¿A usted le parece que si eso sale mayoría, eso es democracia?”

Carmen Iglesias.

Extraño país donde no hay plena libertad, aunque pensemos lo contrario. Cuando alguien expresa una opinión debe hacerlo de manera velada y cobarde. Tirando de mímica a lo Marcel Marceau puesto de ketamina o con la ya sacrosanta (y egoístamente unilateral) carta blanca de que “es humor negro”. Putada de escenario social y político donde se intenta aceptar como válido este acto reflejo de disfrazar de chistes malos opiniones, con mayor o menor mesura, sinceras. ¿Para qué sirve? ¿Es un acto de inocencia, de ineptitud o una bajeza de quien va mirando por las esquinas e intentando aprovechar cualquier laguna legal? Se dice que con el humor se puede cambiar el mundo, que inspira y alienta la mejora de todos nosotros, y que libera nuestros peores instintos reemplazándolos por sonrisas y demás muecas nerviosas. Es verdad, es cierto, es obvio.

Pero no es lo único imprescindible. Dios nos libre del discurso santurrón e hipócrita de que sólo a través del humor se pueden expresar las ideas y opiniones que nos vertebran como personas. Sean correctas o equívocas.

Dice mucho sobre la sociedad donde vives cuáles son los límites mayoritariamente asumidos. Diferencia entre callar y hablar, o entre agachar la cabeza y pasar disimuladamente o jugártela e impedir que hagan otros lo que quieran contigo. Hablaba el otro día con un amigo sobre la credulidad de la gente, y llegamos a la conclusión de que no era ese el problema. No por crédulos es fácil decir mentiras, sino por egoísmo sólo oyen y creen lo que les conviene. La libertad no es decir lo que otros quieran oír. ¿Por qué? La libertad es poder decirte subnormal a la cara e irme a mi casa después. Con todos los dientes a ser posible. Y sangre. Tuya o ajena. Literal o metafórica.

La libertad es poder hablar con sinceridad. Lo que en mi barrio llamaríamos dejarnos de gilipolleces y solucionar las mierdas que tenemos delante. Te guste o no.

Imagina que legalmente ocurriese eso. Que algún partido le echase huevos y se cargase de una tacada las leyes actuales. Incluyendo una previa reforma constitucional y ejecución sumaria y pública en la Puerta del Sol de la Ley Mordaza. Todo con el fin de aprobar una versión bastarda de la Primera Enmienda, que dice así:

Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances.[i]

Imagina eso. El peor escenario posible. El último desafío del hijoputa pansinsal que espera hasta estar a salvo para poder hablar como le gustaría hablar. La muerte por kiki anal de la corrección política. El patatús simultáneo que acabaría con muchos colectivos reformistas y progresistas en una vorágine de suicidios multitudinarios o tiroteos en masa. El fin de los días de sonrisas torcidas y lentitud de palabras por el qué dirán. El comienzo del millar de boicots por parte de la población civil organizada en lobbies. El paso de poderes de la gestión, creación y organización cultural de los poderes legales elegidos democráticamente al sistema de libre mercado.

¿Alguno de vosotros se atrevería? Yo sí. Sería un precioso desastre a escala nacional digno de contemplar, participar y explotar. Total ya. Prefiero un país de forajidos verbales a plena luz que del millón de gilipollas que a través de 140 caracteres se hacen pajas pensando que van a cambiar el mundo. Debatiendo vía twitter con candidatos a la presidencia. JAJAJAJAJAJAJAJA. Ay… Distracciones para olvidar las prioridades reales, lo sé. Necesidad de hacer la chorrada y cumplir. Más por el hecho de poder decir que se ha cumplido que por hacer algo, lo sé. Uy, es que eso de esforzarse, sacrificarse, confesarse y tal… jajajajajajajajajaja… joder… En fin, cada uno con lo suyo.

Como con el humor, un paso para cambiar las cosas es reconocer que hay algo mal en lo que uno hace, así que públicamente admito mi error: este blog ha permanecido demasiado tiempo en un estado de apatía incómodo, incoherente y aburrido. Y sobre todo inapropiado.

Pero, eh, al igual que con una gran fiesta o hábito saludable que hace que seas como quieres ser unas pocas horas a la semana, siempre hay consecuencias. Para evitar el desgaste y la muerte por shock la transición es lenta y progresiva. Como una relación sentimental que empieza rara, sigue extraña y divertida, y acaba en llamas. Normalmente son las más divertidas.

Cuando hay consecuencias, hay dudas, desafíos, errores, malentendidos, algunos triunfos y risas. Y la mesura (como la sutileza, el autocontrol, la autoestima, o el amor propio) no abunda en este país. Tenemos la tecnología, las herramientas, el contexto, la motivación, las recompensas plausibles, los socios y aliados, y las ganas. Ojalá tuviésemos tanto ingenio y valor como lo requieren estos tiempos.

O como mínimo talento y gracia, más allá de esa etiqueta aglutinante y subnormal del “humor negro”. Tantos como candidatos a la paternidad de tu persona, en el humor hay infinidad de opciones y posibilidades.


Según mi equipo de expertos en psicología y psicología, este es el escenario más probable en caso de aprobarse dichos cambios legislativos. Por qué no.

Quedan 20 días para las Elecciones Generales. Nos guste o no.

[i] El Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios.

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