Cambios

Una de las retóricas que más escucho es la defensa numantina de nuestro ser. Que ante la circunstancia de que fuerzas y personas externas impongan, rápida o progresivamente, alguna variación en nuestro modo de vida la respuesta preprogramada es la de un rechazo total. Muchas ocasiones soberbio, pocas veces útil, casi nunca divertido.

Urge decir que cambio es confundido y malinterpretado como fruto de la convivencia entre personas conocidas o extrañas. Los criterios sociales se suponen inamovibles, puesto que en caso contrario somos víctimas de manipulación. Como si nuestra psique fuese la misma siempre. Inerte, estática, temerosa, muerta.

Ya, claro.

Vale, cambiemos de tercio. Imaginemos que hemos conocido a alguien especial. Alguien con las características que siempre hemos deseado. A una persona maravillosa, atenta, inteligente, ingeniosa, divertida, etc. Lo mejor de lo mejor, llena de cosas buenas que nunca habríamos sospechado como posibles. A alguien que nos hace sospechar felices y desconcertados que todo esto tiene sentido y propósito. Que provoca sonrisas y noches de incredulidad expectante a la espera de ver qué cualidades superlativas descubriremos a la mañana siguiente.

Ahora imaginemos que entre uno de esos descubrimientos está que dicha persona disfruta masturbándose con cuchillos. Que gime de felicidad notando cómo entran y salen objetos afilados de su cuerpo. Que sana soñando con sus próximas fantasías extremas.

No diré cómo ni con cuál instrumental, completad vosotros mismos la imagen mental.

Ahora el cambio no parece un concepto tan indeseable, ¿verdad?. Cuanto menos un cambio en la dirección de nuestros pasos que revertirán para huir de dicha persona maravillosa con todas nuestras fuerzas.

Es un extremo burlesco, poco probable y exagerado, pero plausible. Una muestra de que los claroscuros de nuestras interacciones sociales guían la experiencia vital. Que hablar por hablar sin saber es, o puede ser, cómicamente irresponsable.

Como he dicho antes, una mente que ha detenido sus procesos de aprendizaje, adaptación y retención de conocimientos y experiencias ha decidido ponerse a la cuneta del devenir social e incluso intelectual. El ejemplo de la manipulación por otros individuos se considera caso único cuando en la realidad es uno más. Recordemos el papel organizador del Estado, que decide qué, cómo, cuándo y para qué podemos hacer. O de las autoridades religiosas que necesitan decir lo que nos condena o ensalzan moralmente. O empresas y corporaciones que estipulan cuáles etiquetas y actitudes debemos consumir.

O, qué coño, echarle valor y lanzarse a por el desafío. En este caso hipotético intentar averiguar cómo vivir con el amor de tu vida mientras tiene un orgasmo sobre el filo de la navaja. Mirar de reojo cada pocos instantes a la salida o el teléfono más cercanos. Memorizar las rutas directas hacia los hospitales más próximos. Y disfrutar del espectáculo.

El progreso está envuelto en gritos infantiles de asombro y gruñidos guturales de desconcierto. Uno de sus padres es el cambio. Los otros… inventiva, voluntad, apertura de mente… de estos hablaré en otra ocasión.

Sobre todo de la apertura de mente.

Oh, sí.

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