Paciente Cero del bien y del mal

Organizando textos antiguos, he encontrado este que escribí cuando estaba terminando la universidad. Está incompleto y no puedo recordar de qué estaba hablando, pero ahí va:

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Lunes por la mañana del primero de Septiembre. Consigo levantarme pronto y entero a pesar de tener que tirar de trampas de anuncio, consejos extraños de conocidos y amigos, y menos horas de sueño de las recomendables. Queda poco para terminar lo que resta de carrera, así que la rutina vuelve a ser estudiar.

Esta vez en el campus y no en casa.

De camino a la facultad me desvío a una Farmacia de Moncloa para poder comprar nuevos tapones para los oídos. La farmacéutica me atiende, pido rápido lo que necesito. Preparando la compra empieza a preguntarme qué estudio y si va bien la cosa. Todo amabilidad sincera.

Por respuesta doy cuatro gruñidos. Aún sigo demasiado dormido.

Al llegar a casa el correo, la nueva…

Respuestas evasivas y prisas. No por sueño, sino por estar incómodo.

Entonces recuerdo algo que pasó ayer…

Más gruñidos como respuesta. Sin motivo definido. Un momento… ¿cuántas veces ha pasado esto hoy?

Uno es un hecho aislado. Dos es casualidad, tres es un patrón.

¿Qué ha ocurrido?. ¿Por qué tantas gilipolleces?

¿Qué razones hay para haber acogido este estado de tensión continua como punto de partida?. ¿Y por qué lleva tanto como piloto automático? No era así antes, o como mínimo no me había levantado con el propósito de ser uno de esos imbéciles que a todo responde con ladridos y tonterías.

Causas, métodos, contexto. Sólo así se puede identificar, capturar, lastrar y matar a ese ser. Y sin embargo todos los vaivenes, exageraciones y chorradas terminan donde empiezan: en uno mismo.

Quejas, rumores, caos, expectativas exageradas, y consecuencias imprevistas vertebran ese ser.

Cuando quiero pensar la gracia que tiene estar aquí, una de ellas al menos, trato de recordar que sólo seremos testigos de una mínima parte de hechos y receptores. De una ínfima cantidad de conocimientos y experiencias. Algunos, con suerte, valorados y sopesados correctamente. No en una proporción numérica tangible, sino en una percepción eventual. Lo que nos importa, marca, y forma. Incluso aunque no queramos.

En un inventario moral a destiempo, intelectual por convicción, y desesperado por naturaleza.

En un intento por rentabilizar todo: la mierda como el oro de nuestras vidas, vengan de donde vengan.

En ese instante es cuando recuerdas otra constante también inevitable, pero menos angustiosa: lo que eres no es lo que proyectas. La separación de la mente y lo social forma un Paralelo 38 metafísico, si se me permite la expresión. Nadie te va a conocer mejor que tú mismo, jamás. El resto son espejos, imágenes preconcebidas y parafernalia sociocultural. O eso dicen.

Eres tu propio paciente cero del bien y el mal. El inicio de muchas interpretaciones y equívocos. Para gran número de acciones que acaben justificando tu existencia.

¿Y por qué todo este mareo?, ¿con cuál intención? No lo sé. Quizá una reacción ante lo que alguien, hace no mucho, escribió sobre mí:

I am very angry for what happenned to my friend.

you see, this man has an interesting peculiarity. He has a 0 in social skills, but not because he is an ankward neckbeard but because he does not understand the subtleties of white lies.

this person is a 100% pure, unadulterated, bullshit detector.

I have seen teens crying after talking with him for 5 minutes snd receiving a dose of truth.

I ve seen Dj’s and PR’s, his natural enemies, losing their mask of cool for a minute and with a gaping mouth ask: “where the fuck has this guy come from?”

And I have seen his best friend abandon him without a second thought.

We all change social circles once in a while. His friend met new people and this people disliked my man. He was way too honest. He was way too blunt.

Cuando me mostró este texto, con cierto reparo y vergüenza, hablamos sobre lo que éramos nosotros y los que nos importan. De que tenemos demasiada mierda por delante y la iniciativa suficiente de aprender cómo esquivarla. De que ya son bastantes años y el pasado está ahí para reírse de él, disparar en sus piernas, colocarlo en un cepo y dejar que toda la creación se desfogue con él. Para después buscar mejores diversiones.

O, al menos, de saber dónde caerte muerto en caso de catástrofe. Que le den. Estamos aquí para quedarnos.

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