¿Y ahora qué?

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Bueno… ¿ahora qué? ¿Ya ha cambiado el mundo después de lo de ayer?

¿Estamos a salvo o me he creído demasiado las tonterías de la gente?

Vivo en Madrid, así que me centraré en los resultados electorales de la capital y la comunidad. El Partido Popular ha ganado en ambas circunscripciones muy lejos de la mayoría absoluta. Ahora Madrid se ha quedado a menos de 50.000 votos de ser la fuerza más votada. Sí, es la primera vez en casi 25 años que la derecha deja de gobernar en la capital. Sí, los ecos plausibles de un Madrid diferente que se asemeje a la resurrección y esplendor llevados a cabo en su época por Tierno Galván resuenan. Y sí, ya era hora de que se acabase este ciclo político en nuestra ciudad. Carmena tiene dos opciones: o pacta con la casta del PSOE para poder asegurar su supervivencia o, en caso de emergencia, con el mismo Ciudadanos que se encargará de que Cifuentes gobierne en la Comunidad. El verdadero triunfo no es para Ahora Madrid/Podemos, que en su victoria histórica ni siquiera ha entrado el primero (y debido a esto sigue siendo un partido español cuyos por el momento triunfos los ha obtenido a medio gas), sino para Ciudadanos que ha visto consolidado su papel de nueva opción política estructurada a nivel nacional (una agrupación de descontentos de derechas que casi alcanza el millón y medio de votos en todo el país) y para el PSOE que dentro de la debacle a nivel nacional ha recibido menos golpes que el partido del gobierno. Por ahora.

Un pacto es un acuerdo con términos, condiciones y alianzas con el objetivo de perseguir un proyecto común. El consenso necesario para realizar dichas alianzas parte del reconocimiento y valoración de las necesidades de dichos aliados. Resumiendo: el proyecto revolucionario y esperanzador de Carmena tendrá que amoldarse a las necesidades y miedos del PSOE con el fin de poder sobrevivir. La belleza del sistema democrático, como bien saben en otras comunidades donde el voto se ha fragmentado hasta alcanzar la consistencia de la fibra de vidrio, es que en el momento adecuado un partido con una representación mínima es el eje en el que los grandes ganadores harán un complaciente lap dance electoral hasta el fin de la legislatura. Es la forma de secuestro y toma de rehénes más legal que conozco. Y debemos recordarlo, o prepararnos para recibir a todos los Monagos del mundo. Y después sufrir la ira de los votantes, o algo así.

Lo que quiero decir con esto es que para algunos se han acabado los tiempos de llamar fascista y/o casta/corrupto a todos aquellos que no casen con sus idearios políticos y sociales. Bienvenidos sean los tiempos de las sonrisas tensas, nerviosas y falsas. De esas que hacen chirriar los dientes, pero no romperlos.

Mucho chiste con Aguirre, con su perro y con la madre que la parió (y sigo sin entenderlo, ¿no sería mejor poner más esfuerzo en animar a los tuyos que en desgañitarte contra los otros o peco de inocente?), pero nadie parece tenderle una mano (o una hostia, qué sé yo) al pobre Ángel Gabilondo. Por un sólo escaño se le escapa el control de la Comunidad, y eso presuponiendo que hubiese pactado con Podemos. Un escaño, y compitiendo contra Cifuentes. Qué coño pasa con la gente. Y no, Madrid no se ha convertido de repente en un símil del ambiente político del país (beneficie su uso a la izquierda o la derecha) como pretenden vender ahora algunos. Este enclave, para bien y bastantes veces en los últimos tiempos para mal, siempre ha tenido una manera de hacer las cosas diferente. Inmovilista unas, alarmista otras, raramente acertadas, y cruentamente estables.

Pero volvamos al mundo real (donde España es más que Madrid, Barcelona, Sitges o Benicassim), y la derecha se mantiene aún en miles de pequeños municipios. Pueblos donde supera la mayoría absoluta. Copón, en el pueblo de mis padres ha ocurrido tal cual (y esto debería ser predecible porque pertenece a esa clase de lugares con encanto que aún mantiene ciertos nombres para calles y plazas como la del Generalísimo, pero aún así). ¿Es este viraje histórico algo exclusivo para la gente de ciudad? Es obvio que el gran cambio de la nueva izquierda guarda más similitudes con la mentalidad de tener un partido diferente en cada puerto que un gran conglomerado central que aúne y coordine todos los esfuerzos. Y este parece ser el gran tema olvidado por los medios generalistas en los análisis: la izquierda gana terreno, es verdad, pero a costa de la desfragmentación por desgaste de la derecha y con un sistema político de guerrillas que a seis meses de las generales profetiza un Congreso casi ingobernable. Salvo en caso de una alianza de decenas (cientos) de micropartidos de izquierdas, que es decir lo mismo. Este es el desafío y el trabajo duro del que deberían preocuparse por realizar. Tic tac, tic tac.

UPyD se diluye como un azucarillo, y su renovación interna/purgas es imparable. Raquel López (IU) salió poco después de las 11 de la noche para comunicar la valoración oficial de los resultados. Estuvo a punto de echarse a llorar mientras aseguraba que “mantendrán sus valores de la izquierda”. El derrumbe en sus filas es evidente, y su estrategia de supervivencia pasará por una absorción por el microcosmos de Podemos (o en el caso más probable de una alianza). Esta vez bajo las condiciones y órdenes de Iglesias y los suyos, y no al contrario como Lara y los de su corte soñaron hace un año. El acusado sabotaje interno de Alberto Garzón ha dado resultados en el peor momento posible.

Por cierto, un apunte: ¿para cuál dirección se dispondrá el inevitable debate sobre la validez/honradez/utilidad de la Ley D’Hondt? Ya sabéis: ese sistema extraño e impuesto en nuestro sistema que reparte votos con una desproporcionalidad muy rara. Lo digo porque a pesar de que considero igual de válido el derecho a abstenerse, o votar en blanco/nulo, como opción dispuesta en las garantías constitucionales democráticas, la abstención alcanza un 35,06% a nivel nacional (y un 31,1% en Madrid). Y porque si se revisan los resultados con lupa aparece el gran secreto que mantienen interesantes estos comicios: los cientos de partidos desconocidos y locales que rebañan representantes y dinero de las arcas públicas. En el tiempo que desciframos el significado de estas, el contenido de sus programas políticos, y los antecedentes penales de sus cabezas de serie pasaría el tiempo suficiente para llegar a las presidenciales de Noviembre.

España es así, nos guste o no.

Prepararos para unos meses de analogías, chistes y parodias con los nuevos gobiernos inspirados en Juego de Tronos, ya que está de moda y es lo más reconocible (ya que la gente se olvida pronto y fácil que la política es, y siempre será, como en The Wire). La cosa ya no va de mayorías absolutas, sino de alianzas y ratoneras. De dos Nuevas Españas: la de los progres ricos que dan lecciones de moral que luego no cumplirán contra los nobles y humildes siervos del Reino. Una prima hermana de la otra, que aquí podéis ver:

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