Mi Partido

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Una vez tuve un sueño febril. Caminaba por las calles de mi ciudad cuando un tipo sonriente y confiado me pedía que le acompañase. Su ilusión era palpable, e insistía diciendo que “un gran proyecto se ha puesto en marcha y te necesitamos”. A pocos metros había un pequeño puesto, similar a los hospitales de campaña del Samur y/o a los lugares de concienciación e información sobre consumo de alcohol y estupefacientes, donde una veintena de personas trabajaban alegres y entusiasmadas.

Poco a poco me di cuenta de qué cojones pasaba. En los posters, panfletos, octavillas, pegatinas, chapas, etc. aparecía mi cara. Habían fundado un partido político en mi nombre. El programa electoral reunía todas y cada una de las ideas, juicios morales, y propuestas/paranoias sobre orden social que en algún momento me había atrevido a aseverar.

Después de eso sólo recuerdo que el tipo estaba en el suelo mientras le golpeaba a puñetazos y gritaba: “ESTE PROYECTO ES UN COMPLETO DESASTRE. NO LO HABÉIS ENTENDIDO. TODO LO QUE YO DÉ POR SENTADO NO QUIERE DECIR QUE SE PUEDA TRANSFORMAR EN LEY. ASÍ NO SE HACEN LAS JODIDAS COSAS. NO PUEDO HACER ESTO SÓLO.” La cabeza del tipo sonriente tenía la consistencia de una sandía tibia. Cuando desperté estaba riéndome y asustado por alguna razón.

Ahí comprendí un poco de qué va esto de votar y que te pidan el voto como si fuese el último sacrificio posible de la ciudadanía. Y creedme, no lo es.

El concepto de disponer que completos desconocidos tan imperfectos como tú decidan en tu nombre el rumbo de un país (o tu comunidad, o tu ciudad) cada cuatro años parte de la premisa de que ellos tienen más conocimiento técnico y académico que tú en cuanto a disciplinas que puedan ayudar a la gestión de un país. O eso preferimos creer para poder dormir mejor. No puedo aspirar a tener completa maestría en ellas dado el tiempo (e interés) finito del que dispongo. Soñar algo así sería tan irreal como pretender desvincular ideología, moral, religión, y gestión en la política española.

Votar es delegar en otros para que quizá salga un buen trabajo. Puedes ir a la cárcel por estallar y decir ciertas cosas desde la frustración, apatía, rabia, o lo que quieras y ser acusado de enaltecimiento al terrorismo en un contexto alarmista que persigue la supresión progresiva de voces disidentes, pero no hay ley alguna que envíe a la cárcel a algún partido por incumplir promesas electorales. O por levantar normas que evidencian su desprecio por los derechos fundamentales y los desarman poco a poco. ¿Por qué?

Tampoco hay que olvidar la diferencia entre hacer propaganda y hacer política.

Ver a Esperanza Aguirre en la Pradera de San Isidro vestida de chulapa y leer una biografía en quince líneas de Carmena es exactamente lo mismo. No profundiza en las motivaciones presentes, sino en hechos aislados y seleccionados del pasado. Que una pida libertad para los madrileños y la otra sobreviviese a los asesinatos de Atocha (lugar tristemente memorable de la ciudad donde hoy en día es más fácil ver coronas de flores marchitas por la desidia que un sincero recuerdo de lo que ocurrió por los ciudadanos más jóvenes) son sólo recursos para aludir y complacer a sus bases, no captar a nuevos votantes ni arriesgarse. Es una simple manera de confirmar prejuicios, no presentar propuestas. Mirar atrás, no al presente incierto y el futuro difícil.


Este video siempre me hace sonreír. Acierta en demasiadas verdades como para que deje de ser gracioso y memorable.

No nos engañemos, la mayoría del voto existente es por odio, prejuicios sociales, rencor, conclusiones precipitadas, y una larga lista de desatinos que tienen tanta validez como las de cualquiera. Las dos caras de la misma moneda de mierda del No pasarán y No queremos que ganen los rojos persisten. Los que aluden a su reciente conciencia política y social adquirida viendo programas de debate político más manipulados que el maquillaje de un muerto contra los guardianes del Dios, Patria y Rey. Los libertadores de nuestra sociedad contra los libre pensantes, siendo ambos igual de hipócritas cuando se trata de debatir, hablar, o simplemente estar cara a cara con quien piensa de manera diferente. Rojos contra Fascistas. Padre o madre. Madrid o Barça. ¿Os habéis fijado que es igual de patético lo rápido que unos venden a nuestro país con desprecio para acoger cualquier iniciativa/elemento cultural ajeno (no por útil, sino por ser externo) y la defensa apasionada que hacen los otros cogiendo las peores razones imaginables para ello?

Que os jodan. Este país no es bipolar. Está arrinconado. Atemorizado de llevar cientos de años dando tumbos sólo en dos direcciones posibles, para que nunca nada salga al final como debería.

No hay un partido político que esté creado a nuestro ideario y lógica, ni lo habrá jamás porque parte del esfuerzo colectivo de miles de personas decididas en perseguir unos propósitos acordados en consenso. Si hay suerte y cuenta con un sistema abierto de primarias donde cada voto cuente por igual, claro. Decidir el voto es apoyar una cantidad considerable de propuestas, nunca todas. Una dura ley de mínimos asegurados que depende más de la confianza y el orden social que de las garantías de la honradez de quienes viven de nuestros impuestos, indiferencia, y completa falta de implicación. A la hora de la verdad, y en el panorama en el que estamos, es jugártela porque hasta los próximos cuatro años no vas a poder decidir nada.

Y esto es así porque nosotros lo permitimos.

Un político corrupto es como un perro rabioso: predecible e inevitable. Siempre va a existir y por desgracia la mejor manera de tratar el problema es eliminarlo para impedir que contagie a otros. Pero eso es simplista. Un político sólo es una figura que reside en un poder y privilegios concedidos por el pueblo. El resto del tiempo es pillaje y mezquindad. Bienaventurados los luchadores por la libertad, porque contra ellos irá el mayor escrutinio y cantidad de mierda posible. Porque ellos son los que más solos se sienten viendo cómo muchos se dan golpes de pecho y gritan insultos para unos y alabanzas para otros… para después en épocas de calma ser igual de ladrones, hipócritas, fariseos, endogámicos y maleables a influencias a todos los bienes terrenales. Muchos políticos hacen lo que la gran mayoría realiza cada día: el gran pillaje que a veces es este país. Únicamente se les señala más por hacerlo a enorme escala.

Esta es la época del año que peor pone a la gente, que más evidencia su extremismo e hipocresía. Incluso este barullo de más de 1000 palabras podría ser enjuiciable dentro de las nuevas leyes de protección para la ciudadanía. No espero abrir los ojos a nadie, ni convertir a algún débil mental en un cínico crónico (que tampoco es el espíritu de estas letras ni otras tantas publicadas antes aquí), sino dar una opinión sobre las asignaturas pendientes que el electorado español tiene a la hora de ejercer su derecho, expresar su descontento, y ser consecuente con todo lo anterior. Vote o no, porque la abstención o nulidad son parte del paquete.

Ni “gobernar para la mayoría” vale cuando todos estamos en el mismo carro. Ni “Trabajar. Hacer. Crecer” para que todo vuelva a ser lo mismo. Ni permitir décadas de flagrantes casos de corrupción, inmovilismo, inestabilidad en economía, educación, industria, y todas las ramas imaginables. Ni que el resto nos quedemos como imbéciles esperando a que las cosas se arreglen por sí solas.


¿Por qué?

Hoy es domingo 24 de Mayo, y espero que al final del día pueda celebrar que una nueva etapa política en España comience. Gane quien gane, o el país mejora lentamente y a medio gas, o nos vamos todos a la mierda. En cualquier caso, es un cambio y con eso me basta.

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