Kingsman: Servicio secreto (2015, Matthew Vaughn)

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El pase de preestreno de Kingsman: Servicio secreto atendido para la realización de esta crítica tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid a las 11 de la mañana del día de hoy.

 

Es difícil hablar de cualquier obra adaptada de Mark Millar sin que aparezcan las palabras anarquía, frivolidad, sexualidad hiperbólica, ironía cáustica, clase, muerte y risas. Wanted fue un ejemplo de cómo una gran premisa se puede diluir de la manera más innecesaria e insultante sin que, en este caso, el resultado sea terrible (que no comprensible).

Ambas películas de Kick-Ass (la primera también de Vaughn y la segunda de Jeff Wadlow) aguaban el tono formal aún pudiendo apreciar las ideas de fondo, y estos posos de originalidad no hacían más que remitirnos a la fuente. El precio de hacer sonreír con complicidad al público requería sodomizar el alma y mensaje del título dibujado por Romita Jr.

No he leído Kingsman, pero tras ver la película tengo dos cosas que aportar:

1. Su lectura parece una obligación guiada por respeto y basada en curiosidad.

Una agencia de inteligencia que opera en los más altos niveles de secretismo e independencia presencia cómo un empresario multimillonario tiene una visión: el mundo sin muchos de nosotros como cura para todos los males existentes. La purga como renacimiento y, tanto para su instigador como para sus cómplices, la negación sin debate de que hemos perdido cualquier esperanza de redención o mejora. Eh, somos una especie jodida y cruel, pero hemos pasado por épocas mucho peores. Esa idea se está quedando vieja cada día que pasa.

Puntualizar escenas de acción aisladas es lo que venderá la película. Vaughn opera como uno de los pocos directores vivos (junto a Gareth Evans o Chad Stahelski entre otros muchos) que sabe comprender y usar este recurso no sólo expresivo sino narrativo No hay ni una de ellas que resulte superflua o vacía. Y, como se incide en un diálogo específico, por mucho que nos gusten no evitan hacer sentirnos mal. Y viceversa, y vuelta a empezar.

Millar, y por descontado Vaughn, saben recorrer los lugares comunes del género de espías y aportar sus propias decisiones finales. El viaje del underdog a salvador como columna vertebral. Retazos de modernidad en el contexto del plan maligno, los personajes secundarios, traición y redención, lealtad y honor, las preocupaciones mayores como la familia. James Bond puesto de speed con carlinos para la época de Facebook. Es entretenida, es espectacular, cruel, sádica y memorable.

Eso es Kingsman.

Y 2. No puedo esperar a verla otra vez y llevar a cuanta más gente posible.

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