Mutants

Voy a contar una historia sobre un gran lugar. Un enclave que ya no existe. Tal cual, si hoy lo buscas no lo vas a encontrar porque lo desmontaron ladrillo a ladrillo. Ya he hablado antes de ese edificio, pero creo que no me he explicado lo suficiente.

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A mediados de 2012 un amigo y yo fuimos persuadidos para subirnos al antiguo Edificio Telefónica de Plaza de España, que unos meses atrás pasó a llamarse entre los habituales de la zona como Edificio Mutants por la pintada que aparecía al principio en su fachada.

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Lejos de la zona de Gran Vía con Montera, donde el Espacio Fundación Telefónica (Fuencarral, 3) y la tienda (Gran Vía, 28). Lejos de los neones que en invierno iluminan las primeras horas de la noche. Subimos por curiosidad la madrugada del 20 de Julio, recuerdo la fecha exacta porque tuve que usar la linterna del móvil para poder orientarnos y ésta sólo se activaba en modo grabación lo que provoca que revisando los videos parezca una película de terror, y nos quedamos por las vistas. Desde lo alto, incluso en la madrugada de un viernes, no había más que silencio. Si acaso gritos lejanos de los que iban y venían de fiesta, alguna que otra sirena, y el zumbido constante del tráfico.

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Tuvimos que volver al día siguiente para poder apreciar bien el estado del edificio y las vistas. Y nos dimos cuenta de que parecían dos lugares completamente diferentes según cuándo lo visitases. Las normas no escritas para los que lo acabamos frecuentando eran bien claras: el acceso era por la calle del Río, perpendicular a la Cuesta de San Vicente y directa con la parte trasera del Senado; el interior del edificio pertenecía a quienes quisiesen usarlo como vivienda y/o refugio (vagabundos y borrachos ocasionales), el tejado y las terrazas como punto de observación y reunión para todos los demás; y nadie creaba problemas innecesarios.

Google aún no ha actualizado las fotos por satélite del lugar, y por el estado de la limpieza son previas a la entrada masiva de gente.

Las escaleras de emergencia en el costado del edificio daban al interior de la mayoría de los pisos. Era un trayecto peligroso por grietas, caídas de entre ocho y nueve pisos, cristales rotos, basura acumulada y poca visibilidad en algunas partes. Tras pasar por un patio interior unas escaleras  permitían subir a la máxima altura. Desde ahí, mirando hacia la Torre Madrid, a la derecha se encontraba un techo con tela asfáltica a medio destruir que comunicaba directamente con viviendas privadas de los residentes del edificio colindante. Estos utilizaban vallas metálicas de casi dos metros de altura.

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A la derecha las oficinas del Sabadell Filatélico, donde más de una vez nos encontramos cristales rotos en sus ventanas en lo que supongo serían sucesivos intentos de allanamiento tras saltar el alambre de espino que nos separaba de ellos.

Desde ahí, Madrid parecía otra ciudad. En mi primera visita el temblor de piernas por los nervios o el respeto a las alturas era normal y previsible. A partir de la segunda visita, una vez conocida la ruta de acceso, era demasiado fácil como trámite. En las alturas se podía ver el Senado, el Palacio de Oriente y el Teatro Real, toda la Avenida de Extremadura, la casa de Campo, hasta Pozuelo de Alarcón, y el Edificio España y la Torre Madrid como nunca antes habíamos podido hacerlo: cara a cara. Se convirtió en habitual padecer un curioso síndrome de abstinencia al volver a la superficie y notar cómo tu cabeza jugaba contigo y te hacía sentir aburrido, solemne, y hasta vacío. Queríamos volver siempre.

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La idea que sobrevolaba nuestras cabezas era poder disfrutar de una ilegalidad transitoria en una ciudad sin muchos puntos altos ni miradores que aprovechar. No gratuitos al menos. La idea era explorarlo, compartirlo, hacerle honor. Llevé a toda la gente que pude en múltiples franjas horarias. Entré en cada habitáculo, almacén, sala, y rincón. Terminamos muchas noches allí.

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Muchos artistas llenaron sus paredes de grafitis o se trasladaron para realizar reportajes, sesiones fotográficas o grabaciones. Muchas fiestas empezaron y/o terminaron allí. Recuerdo dar la razón a un tipo que en su primera visita dijo Tío, me siento como Batman.

Sabíamos que no iba a durar, y no nos equivocamos. Hubo problemas, pero en mi experiencia (y en las de muchos que estuvieron allí que llegué a escuchar), fueron aisladas. Lo más grave que llegué a ver fue a un idiota que decidió colgarse en la antena más alta del tejado a las 7 de la mañana de un día de Agosto para intentar llamar la atención. Cuando bajó sus amigos estuvieron a punto de pegarle una paliza por idiota. Lo más serio que he llegado a escuchar fue cómo un par de menores lanzaron una litrona a la Cuesta de San Vicente, por suerte sin consecuencias ni víctimas. Ahí es cuando las autoridades intervenían.

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La Policía Nacional vigilaba erráticamente los accesos y más de una vez entró en el edificio (y por entrar quiero decir asaltarlo con una docena de agentes mínimo con chalecos antibalas y escopetas preparadas, y dos furgones de policía esperando abajo). La comisaría más cercana estaba situada a un minuto de distancia a pie, en Leganitos. Y aquí, es donde interviene la semiótica: veréis, según denuncias de los vecinos del edificio colindante se producían reuniones de antisistema (nunca confirmadas), tráfico de drogas (que ni yo, ni nadie que conozca, vio jamás), e incluso episodios de violencia (ídem). Algunos medios investigaron el asunto con la metodología y el rigor habituales, sin llegar a conclusiones que sostuviesen las acusaciones y miedos de los vecinos.

Esta es la aportación cultural más importante de la comunidad de vecinos y propietarios del edificio colindante.

La Policía actuaba para contener posibles sucesos de importancia, no para detener a los cientos de chavales que accedían. Lo más frecuente, y lo que nos pasó en más de una ocasión, es que te viesen bajando/en la superficie y te advirtiesen que no se podía entrar por ser peligroso. Nada más. Ni pedir documentación, ni multa, ni nada. Y si nombro a la semiótica es porque las denuncias reducían el número de sospechosos y según cómo vistieses (y tu nacionalidad/edad) así te trataban.

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Horas después de producirse cualquier problema, o indicio de, el edificio seguía sin clausurarse y la gente volvía. Pero eso lo sé ahora, la sensación de duda y preocupación porque sin previo aviso se acabase la fiesta era constante. Y eso hacía que todo molase más. Hablando en perspectiva, claro.

Echo de menos las vistas. Contemplar cómo las luces del Palacio de Oriente se apagaban de noche a la misma hora para ahorrar electricidad, o por costumbre. Mirar los flujos de tráfico provenientes de Princesa dirección Gran Vía/Cuesta de San Vicente. Contar los tejados viejos de viviendas de precio excesivo. Intentar deducir qué lugar era cuál según su tejado. Relajarse y sólo escuchar la conversación cercana de otros visitantes y el tráfico en la distancia. Era otra versión de esta ciudad que ha desaparecido.

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Pueden abrir otros miradores. Cobrar dinero por entrar a ellos. Abrir un enclave aséptico y desprovisto de historia y personalidad propias para ser mutado en un reclamo corporativo más. La historia no será la misma, jamás. La libertad de acceso a cualquier hora del día, la condición de decadencia generalizada, el buen ambiente que hubo casi siempre, y la sensación de estar reclamando algo para los demás eran lo que hacían que fuese una gran experiencia.

En Octubre de 2012 se clausuró definitivamente el acceso por la parte trasera del edificio. Ni avisos, ni advertencias, de un día para otro. Como otros muchos lugares que ya no existen, como los Picadilly de Gran Vía. Al poco comenzaron las obras para la construcción de un nuevo hotel que pudiese beneficiarse de unas olimpiadas que no nos concedieron.

Tras meses de desmonte controlado y progresivo lo que queda es esto:

En el Street View sí se muestra el estado actual: un gran borrón en el corazón de la capital.

No hay día que pase sin que piense en lo mucho que hemos perdido todos.

Malvendido, desmontado, desinfectado, desaparecido. Echo de menos ese edificio y todo lo que experimentamos allí.

Joder.

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