Nikola Tesla en Madrid

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La primera vez que oí hablar de Tesla fue en el colegio. Un tipo empezó a preguntar en clase de Tecnología sobre las leyes de la termodinámica y un supuesto rayo de la muerte. Pensaba que estaba de coña. La segunda vez a través del Fallout 3.

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Pero habría mucho más por descubrir.

 

Y estas son solo cuatro de las muchas referencias que hay en la saga.

A partir de aquí decidí investigar quién demonios era este señor y por qué tanto esfuerzo en homenajear a alguien de tanta importancia en la historia de la ciencia pero relevado a un peligroso segundo plano en la actualidad. Es una cuestión de relaciones públicas.

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La exposición Nikola Tesla: el futuro es suyo del Espacio Fundación Telefónica (abierta desde el 13 de Noviembre hasta el 15 de Febrero de 2015) ofrece un pequeño recorrido por sus contribuciones más importantes: las investigaciones en la fabricación de los primeros sistemas de control remoto, en la producción de voltajes que superasen ampliamente el rendimiento y calidad de los producidos en su época, y su victoria en la Guerra de las Corrientes.

 

Los primeros intentaron aplicarse en el ámbito militar empezando por torpedos. Los segundos se materializaron en dispositivos como su bobina, que aunque hoy en día es un juguete y una atracción científica peligrosamente fácil de fabricar, en su época fue la chispa (ja-ja-ja) de los comienzos en la investigación de la transmisión de electricidad sin cables y su utilización en la medicina. En el tercer caso me explayaré un poco:

La Guerra de las Corrientes fue una disputa empresarial, técnica, económica y social que tuvo lugar en la década de los años 80 durante el siglo 19. Enfrentó a Edison, defensor de la Corriente Continua, contra George Westinghouse, quien contrató a Tesla como asesor y adquirió gran parte de sus patentes sobre la Corriente Alterna (el Campo magnético rotativo o el motor de inducción) . La idea era crear un sistema de distribución de energía que permitiese la mayor cantidad de electricidad a la mayor distancia real posible minimizando costes económicos y accidentes o fallos. Edison defendió su sistema a través de la manipulación política, la desinformación y el miedo a nivel público. Sus demostraciones públicas sobre los peligros de la Corriente Alterna consistieron en electrocutar animales, desde animales domésticos como gatos y perros hasta caballos, que llevaron a la involuntaria e inesperada creación de la silla eléctrica.

La ironía es que Edison era contrario a la pena capital. Buen trabajo, Tommy.

La Corriente Alterna se impuso como el principal sistema de distribución eléctrica tras la demostración en las Cataratas del Niágara en lo que resultaron ser las bases de la energía hidroeléctrica tal y como se conoce hoy.

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La Corriente Continua se siguió utilizando en grandes ciudades y en aplicaciones como vehículos híbridos y eléctricos.

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El legado de Tesla se basa en no sólo sus teorías iniciales, sino en la decisión de liberar muchas de sus patentes que llevaron a investigaciones exitosas en nombres como Marconi (radio), Rontgen (perfeccionamiento de la aplicación médica de los después llamados Rayos-X), o Wattson-Watt (sistemas de detección por radar). Como el doctor Salk, renunció a millones de dólares en pro del bien común.

Tesla atrajo mentes receptivas a lo heterodoxo por su leyenda de científico loco que estuvo a punto de destruir el mundo varias veces, y que destruyó y ocultó parte de sus teorías (el citado rayo de la muerte, su máquina de terremotos, su investigación pionera sobre la recepción de emisiones desde el espacio exterior, etc.). Su imagen es la de un luchador motivado por la pura obsesión en la eficiencia y la superación. El resultado de obligar a la perseverancia y la intención del mero beneficio para con la humanidad a copular a punta de pistola, y de esa unión la ciencia adopta a la criatura.

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Pasada la fachada inicial se hallaba la historia de un hombre políglota, multidisciplinar, deportista, amante de las aves, de sexualidad siempre encubierta, y que murió cuidado por los pocos amigos y aliados supervivientes que hizo durante sus años de mayor éxito y actividad pública.

Los inventores, como los artistas, nunca son tan valorados en vida como lo son tras su muerte. Es injusto, es despiadado, es humano. Es el hecho de asumir una pérdida irreversible.

Si Tesla hubiese nacido hace 50 años quizá hubiese estado vinculado al programa espacial, o a la continuación de la transmisión de información sin cables (comenzada por nombres ilustres como Hedy Lamarr), o hubiese sido un recluso creando teorías con un lenguaje científico y matemático autodidacta que nos llevase décadas descifrar, o perfeccionaría sistemas para vincular la tonalidad de cualquier pieza musical a la creación de imágenes fractales y descargas eléctricas en directo ante multitudes desconcertadas que dudan si han consumido alucinógenos accidentalmente o no. Qué sé yo.

No te quedes en lo superficial. No te quedes en esta tira cómica que tanto bien hizo. No asocies su cara con Bowie.

 

Ve más allá. Este artículo es una invitación directa a ello. Tesla es una de las pocas figuras que cuanto más investigas, más feliz eres, pese a su agridulce final. Dicen que murió sólo. Que en sus últimos años admitió pocas visitas. Que palomas en su ventana, aves que amó y alimentó durante décadas con pasión, fueron lo último que presenció. La muerte de una de las principales mentes del siglo XX.

 

Y para terminar, él:

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Thomas Alva Edison era un burócrata comprapatentes sin alma, extorsionador, maltratador de animales, inventor de la silla eléctrica, e inútil sobrevalorado. Y esto lo digo como inventor. Como ejecutivo corporativo tampoco fue brillante ni exitoso. No fue un Nobel que viviese tan horrorizado por su éxito como dispuesto a aceptar las retribuciones multimillonarias que implicaban. No fue un Einstein que compensase con su Teoría de la Relatividad sus desafortunadamente fútiles campañas antinucleares (junto con el pobre Doctor Oppenheimer, humillado públicamente y que pasó sus últimos años intentando sensibilizar sobre el lado moral de cualquier investigación científica). No fue un Pulitzer que continuó la propagación de los principios de honestidad y compromiso más allá de su muerte.

Joder, ni siquiera acabó como Hearst en Ciudadano Kane.

Jódete, Edison. Te veré en el infierno.

PD: la tercera referencia sobre Tesla que tuve, esta durante la lectura de varios libros sobre su vida (incluidos sus correspondencias y ensayos), fue esta:

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PPD: Nunca me cansaré de ver cosas así:

 

 

 

PPPD: She wants the T:

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