Minorías supervivientes

Es el primero de Octubre y el curso universitario ya ha empezado oficialmente. Dada la Bendición Real Anual, esta vez en Toledo, los estudiantes recién incorporados pueden empezar a descubrir un nuevo mundo.

La nueva hornada mezclada con la vieja escuela. Conversaciones en las entradas de las facultades llenas de sorpresa sobre la inactividad de las primeras clases. Desconcertados por horas de presentaciones y trámites de rigor. Las columnas con anuncios y carteles publicitarios nunca tendrán más atención que hoy. Aún no saben que lo mejor, y lo peor, está por venir.

Bienvenidos a una etapa crucial en vuestras vidas, niños.

Retrocedamos a unos días atrás.

Las calles reflejan el espíritu y la moral del país. De todos nosotros. Y es en ellas donde podemos aprender mucho más que a través de otros canales más asequibles y filtrados.

En la Plaza de Callao hay una manifestación por las víctimas del Franquismo. Son viejos conocidos a estas alturas. Cada jueves de 8 a 9 de la noche marchan exigiendo justicia, repartiendo mensajes, haciendo lo que pueden en su última etapa de su vida: mantenerse firmes en dignidad y principios. Por una complicación en los permisos esta vez no circulan por Sol, su ubicación habitual. Rodean la plaza esquivando a los turistas, puestos promocionales y a los nativos. Una y otra vez. Es la última prerrogativa de una minoría superviviente.

En esto que empecé a observarles con curiosidad y serenidad a partes iguales, para después ir a una calle adyacente a por bebida, cuando me crucé con una treintena de jóvenes que corrían frenéticos saludando a la gente. De Santo Domingo a Callao vía Preciados.

¿Universitarios quizá? Es época de novatadas. Divididos en dos grupos superaban pruebas como pasarse un vaso de agua sujetándolo por la boca intentando que no se vacíe. Los más tímidos reciben arengas amables. Risas y buen ambiente. Nada nuevo en esta época del año. Otros lo interpretan como peligro social nacional.

La asociación No más novatadas ha advertido sobre la necesidad de concienciar a la juventud de sus males. El Consejo de Colegios Mayores Universitarios de España, en cooperación con múltiples universidades de todo el país, ha emitido un manifiesto que el Partido Popular respalda y que debatirá hoy en el Senado. Desde los cuerpos de seguridad del Estado se destinará tiempo y atención para informar sobre esta problemática. Incluso una víctima de tales prácticas ha aparecido en las noticias por estar rodando una película, basada en su propia experiencia, llamada Novatos. Alarma social grave, gente.

Los pilares de dicho manifiesto son la lucha contra cualquier tipo de coacción que pueda acabar en humillaciones, agresiones o incluso secuelas físicas y psicológicas. Se pretende combatir la ley del silencio de víctimas y agresores, unos por miedo a ser marginados y los otros por mantener su sistema de poder. Se enumeran las prácticas más habituales: beber vinagre (¡hola, palidez sepulcral!), tartazos de desconocidos a un euro (¿la tarta tiene cristales rotos o arsénico?, ¿no?, entonces adelante), escribir sobre los novatos (¿puedo sugerir sangre? todo es más bonito con sangre), pasear con ropa interior (¿alguien no ha visto esto nunca yendo de fiesta?) y múltiples formas de dominación/humillación dignas del equipo médico que robó y examinó el cráneo del Marqués de Sade vía frenológica. Me encuentro sorprendido que ninguna es sexual. Nada. ¿En serio?. Pintar un testículo de cada color no cuenta.

Y hablando de huevos y dinero, un flashback: en un evento hace años vi a un tipo que estaba a dos velas y se puso un cartel que decía “PATADAS EN LOS COJONES A UN EURO”. Al final del día se sacó cerca de 25 euros, unos cuantos minis de cerveza, y seguía caminando/hablando de manera normal. Eso es resistencia y voluntad.

Me tomaría en serio este “peligro nacional” de no ser por lo más obvio: la exageración de los medios; y que no importa lo mucho que alguien quiera ser admitido, ni lo desesperado que se pueda estar de recibir atención y respeto, porque si para conseguirlo hay que pasar por el aro de cosas que superen la broma y se conviertan en jodienda pura quien lo acepte es un puto idiota o un pobre desgraciado. Quienes secunden algunos extremos sin gracia perpetúan su práctica. Y todo novato “humillado” se convierte en veterano. Vuelta a empezar.

Como en otros muchos asuntos, se olvida que son algunas víctimas de estos casos aislados y extremos las que permiten que todo esto siga. Y que la frontera entre coacción para la humillación y una simple iniciación como rito social aceptado es lo que opinen sus implicados y el calibre del calvario a pasar. Y lo que un arrepentimiento súbito te dicte. Se utilizan palabras como bullying, maltrato o incluso retraumatizar. Los partidarios lo definen de tradición, y algunos opositores comparan esa línea de pensamiento con los que permiten otras como la poda de la rosa. ¿Es admisible toda humillación, por escasa que sea? No. ¿Es lo mismo un centenar de bromas inocentes, y de mutuo acuerdo, que casos aislados de agresiones físicas o verbales? No.

Esta alarma es el equivalente a interpretar botellón como grave problema de alcoholismo en cualquier situación cuando casi siempre es ahorrar unos pocos duros. Como si tomarse un par de cervezas por la calle entrase en el mismo saco con quienes reciben un chute de B12 antes del amanecer. Que una minoría sea incapaz de controlarse no hace que el resto sea igual.

Aparte, es una distracción en el momento adecuado: estamos en pleno proceso de presentación de los Presupuestos Generales del Estado. El gobierno propone una subida del 4’5% en Educación, dato que no ha contentado a nadie fuera del Partido Popular ni despejado los problemas acumulados por los recortes. Esto sí son prioridades.

A la hora de la verdad, en muchas ocasiones dichas novatadas sólo serán cosas inocentes y desfiles de pobres diablos soñando con una vida académica, sexual y social plena que se parezca a alguna película americana. Pocos lo lograrán, Dios sabrá a través de qué métodos y atajos. Otra minoría vivirá una experiencia similar a una versión bastarda de Nacho Martín en Médico de Familia. El resto seguirá adelante como si nada, porque poca importancia más hay que darle a todo este asunto.

Demuéstrame lo contrario.

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