[Antiguo] “Que alguien me saque de aquí.”

[Antiguo] es una selección de textos que publiqué hace mucho tiempo en redes sociales. Corregidos y adaptados, serán publicados periódicamente en este blog. Para ver más textos en esta categoría pulsa aquí.

(Este texto fue escrito originalmente en Abril de 2013 para una clase de Redacción en la carrera. El propósito era escribir una columna con temática libre. Presenté esto. No publicaré la nota resultante.)

Que alguien me saque de aquí. Me han engañado, prometido grandes cosas y asegurado gloria y verdad. Ahora mismo esquivo charcos de orina, vómito y cristal. Me encuentro en una concurrida cervecería ubicada en la Carrera de San Jerónimo, de cuyo nombre no me arriesgaré a mencionar por posibles repercusiones legales, rodeado de amigos y colegas. Flanqueado más bien para evitar caer al suelo.

Cerveza de marca nacional a bajo coste riega el lugar. Música ecléctica, más propia de ser escuchada en otras franjas horarias y estados alterados del lugar, atrona por toda la sala. Desde hace un par de años dos tendencias en la alimentación han imperado: los productos a un euro y los cubos de cerveza barata. Tras un sorbo de cerveza desisto y se la paso a un amigo. Baviera, ayúdame.

A metro y medio una chica de rastas rubias baila y se retuerce con alegría. Resbala con una botella del suelo. Antes de que caiga la cojo en brazos y evito males mayores. Sorprendida y sin decir nada se va. Mis amigos y acompañantes empiezan a animarse. Uno de ellos desprecia al dj, otro rebaña cervezas, un tercero habla aceleradamente. Sus pupilas son del tamaño de canicas.

Decido ir al baño antes de salir de allí. Ubicado en el sótano, se ha convertido en una improvisada sala de fiesta y picadero. Sudor, humedad, olor a cobre. Quien tenga oídos que oiga. Al salir un brazo me atrapa. Es la chica de antes, que intenta llevarme a la fuerza al baño de mujeres armada con una errática sonrisa y un escote donde podría reposar durante mil años. No. Concentración. Me fijo en sus ojos: pupilas como canicas.

Hubo un tiempo en que algunas drogas sintéticas escasearon tanto que decíamos “que eran los padres”. Superada la escasez, la gente no tardó en recuperar el tiempo perdido. Me despido de ella con un beso en la frente, mera compasión. Salgo de allí. Medio centenar de personas espera para entrar. Otro medio hace botellón frente a la policía. Los vendedores chinos de cerveza me sonríen sorprendidos cuando les respondo negativamente en mandarín. La noche acaba de empezar. La chica sale del local. Me voy entre heterodoxias andantes y pensantes. Fumo y pienso. Malos tiempos para la sobriedad.

Civilización, ayúdame.

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