La autoridad como variable

Cuando era pequeño decían que tenía problemas con la autoridad. A decir verdad los tenía con casi todo lo existente. Con los años empiezas a comprender y pulir las máximas que te guían hasta convertirlas en principios. O en la idea que puedas tener como principios. Después, con un proceso de pensamiento peculiar, sólo vienen complicaciones, ramificaciones y caos. Salir de una idea y acabar en veinte.

Todas interconectadas irrevocablemente.

Cuanta más información procesada, más maneras de analizar y disertar. No es cuestionar la autoridad tanto como las normas fundamentales que la rigen y nombran, hiperbolizar errores ocasionales que desacreditan la persona o institución y contradicen su función, o esperar de quienes tienen poder sobre nosotros autoridad y capacidades superiores. La figura de autoridad es un mero medio para un fin.

La figura de autoridad es ocasionalmente prescindble. El sistema no lo es tanto.

Una de las consecuencias directas de la crisis es la reforma laboral, que sigue siendo sólo una pataleta neoliberal con el propósito de empeorar las condiciones del trabajador. Un intento idiota y catastrófico a la larga de intentar elevar nuestra competitividad a otros países. Cuando casi un tercio del planeta soporta trabajar en condiciones similares a la esclavitud, ¿qué puedes hacer?

Una consecuencia de lo anterior, esta no tan explorada, es la desvinculación emocional del trabajador para con su empresa. Incluso los grandes popes con sus estructuras anquilosadas, sindicatos propios y regulaciones internas cercanas a la explotación salvaje tienen problemas. Pérdidas anuales derivadas en huelgas. Ya no veo a empleados honestos sintiéndose orgullosos del lugar donde se ganan la vida. ¿Y por que deberia ser el contrario? Multitud de historias y vivencias propias y extrañas nos empujan a tratar a nuestros empleadores como simples fuentes de ingresos y no como seres humanos. Una minoría de autónomos y medianas empresas desgaja su orden e historia internas despidiendo a empleados de toda la vida sin poder sustituirlos. Otros contratan en negro. ¿Qué puedes hacer tú?. ¿Convertirte en defensor a capa y espada de esas injusticias perpetuas?.

La presente campaña publicitaria para concienciar contra el fraude fiscal pretende decirnos que sí, pero olvida algo básico: a nadie le gustan los chivatos, soplones o listillos. Y menos en España.

Aparte, no tenemos medios ni tiempo suficientes por nosotros mismos ni para crear, y no acabar matando a largo plazo, figuras de autoridad moral que guíen. Es necesaria ayuda y coordinación. ¿A quién crees que podrás recurrir, valiente? Las sirenas intentan captar suscriptores y contribuyentes para sus ongs a pocos metros de gente que duerme en la calle por enclaves y distritos comerciales de la capital. Por allí pasarán decenas de miles de personas buscando grandes ofertas de productos de los que ni necesitan la mitad. Algunos harán gracias mirando sus facturas y pensando “Vaya, he gastado un euro menos de la media por habitante prevista. ¡Qué mal español soy!”

Quizá sea recomendable para el desmontamiento de ciertas autoridades morales nombradas de manera cuestionable el buen arte del debate. Si por tal entendemos el intercambio de posturas y opiniones con el propósito de establecer un contexto mutuo en el que nuestras divergencias coexistan en la búsqueda de un beneficio común y superior, claro. Sí, por qué no. ¿Queda algo de eso?. ¿Queda esa idea de respeto y contribución, de no esperar sin escuchar al oponente, de superar el entendimiento de uno mismo y ver el de los demás?

En cualquier tema clave rápidamente se sacan los argumentos de consumo rápido y elaboración aún más veloz. La autoridad moral omnipotente e incuestionable. El profeta sin montaña ni rebaño. Quizá sin religión pero siempre con dogmas de fé. Porque no hay mejor manera de cambiar el mundo que esta. No respetes, no consultes, no tengas empatía ni amplitud de miras, ni autocrítica, ni paciencia, ni seriedad, ni prescindas de esa sonrisa burlona o de aquella amenaza ocasional de violencia física. Porque, como gusta decir a algunos, la verdad está en cada uno de nosotros salvo en todos los demás.

Admiro profundamente a quienes son capaces de mirar para otro lado y/o carecer de tragaderas morales para juzgar sus acciones e ideas, porque es algo que yo nunca podré hacer. Perplejo intento comprender vivir así y no morir de rabia o vergüenza, sin conseguirlo.

Incluso en el error de juicio o acción hay posibilidad de aprendizaje. Con suerte rectificación. Y si fuésemos un país piadoso, y no lo somos pese a todo lo católicos que supuestamente somos, redención.

Ser español sigue siendo así.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s