Godzilla (2014, Gareth Edwards)

En un ejercicio de esfuerzo he conseguido terminar Godzilla (Gareth Edwards, 2014) sin realizar comparaciones continuas con Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013). Es difícil hacerlo: mismos orígenes artísticos en la serie B, mismas productoras, presupuesto desorbitado y potente discurso formal.

Obras completamente diferentes. La diferencia entre una historia adaptada y prolongada en el tiempo, y un producto de consumo rápido suele verse en las referencias y el contexto empleados. Hay similitudes con Hiroshima y la validez de los cementerios nucleares, mientras que pierde ese espíritu pirotécnico post 11-S que tan difícil de esquivar es hoy.

El guión, que ha pasado por muchas manos antes de llegar a terminarse, tiene ideas inteligentes ejecutadas en una historia clásica y con personajes olvidables (salvo el de Bryan Cranston). Tras décadas de colaboración entre gobiernos, las sucesivas pruebas nucleares se destinaron para detener a una raza de monstruos ancestrales que aún dormita bajo tierra. En pocos minutos entendemos el doble mensaje de la película, que será repetido machaconamente: el descubrimiento de la energía nuclear, y su aplicación armamentística, es una mancha y una vergüenza para nuestra especie; y que poco pintamos en un mundo que fingimos poder controlar y que a la hora de la verdad revela nuestra impotencia e idiotez.

Godzilla como dios protector, antihéroe, guardián misericordioso, fuerza suprema. Nosotros sólo somos espectadores, a merced de criaturas de las que nos podremos librar mediante secuencias tramposas de guión. La película está más basada en la primera entrada de la serie, una parábola solemne y catastrofista readaptada como película de desastres naturales, que en sus secuelas más frívolas. Para el espectador ajeno al universo de Godzilla aparecerán dudas razonables: el ritmo y tiempo de espera hasta que hay escenas de acción, la lógica de la premisa, los recuerdos de la versión americana de Roland Emmerich (Godzilla NO puede ser destruido por armas convencionales, sólo otro monstruo puede hacerle frente), y la posibilidad de muchas risas por la ineptitud general.

Es caos, es desesperanza, es la muestra del talento de Edwards. Con facilidad podría haber optado por calcar a Nolan, para optar con mantener su estilo y conseguir grandes secuencias de acción. Una primera hora de explicaciones y pasarela para la aparición del gran monstruo.

¿Cuál es el futuro? Con el más que decente éxito recibido (488 millones de dólares de recaudación mundial con un presupuesto de 160) se harán más entregas, claro. Por ahora sólo sabemos los deseos de los directores con los que comienza este texto: del Toro querría hacer un crossover con Pacific Rim, Edwards inspirarse en Destroy All Monsters. Básicamente una gran brawl de los mejores Kaijus de Toho encerrados en una isla. Y Legendary Pictures prepara una posible trilogía que Edwards dirigirá, por ahora. 

Sea cual sea, crucemos los dedos.

Godzilla-Teaser-Poster-2

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