“There’s nothing else”

Corriendo entre la universidad y un compromiso por Recoletos he empezado a oír maullidos a varios vagones de distancia en el metro. Me quito los auriculares y no oigo nada. Han sido imaginaciones mías.

Cuando queda un asiento libre me acerco y siento, y descubro la fuente de los ruidos: un cachorro negro y blanco con ojos azules que no tendría ni un par de meses. Me mira con su cabecita y maulla, saludando o quizá preguntando qué ocurre. Su nueva dueña acaba de recogerlo mientras lo acuna sobre cuadernos y apuntes.

Lo que intento decir con esto es que sin importar las veces que te dirán lo contrario, sin importar los intentos de distracción y embrutecimiento de los medios, y más allá de múltiples barreras propias o extrañas, siempre hay momentos que te hacen recordar que todo esto quizá merece la pena. A cuentagotas y muchos imperceptibles, pero reales.

Y que cada uno tenemos nuestros propios códigos y preferencias de qué, quién, cómo, cuándo y dónde. Unos dependerán del día, otros morirán contigo.

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