Saben aquel que diu…

Se hace saber. Ese programa de humor patrocinado por charcuteros, qué bien. Ese “patrocinio cultural” roza la ilegalidad. Joder.

Los maestros del humor gñé se lucran con nuestros impuestos en el país del humor blando y correcto. En la nación donde deberíamos apretar los huevos con la misma intensidad a los medios y artistas financiados con medios públicos como otros lo hacen injustamente a los funcionarios, congelación de sueldos y supresión de la paga de Navidad incluidas. O todos, o ninguno. A veces los humoristas son como los políticos: hay demasiados para lo poco que repercuten, no saben comunicar nada, y a la hora de la verdad son meros vendedores de humo endogámicos.

Sí, sé que es injusto hacer esa clase de juicios de valor. No tenemos el ámbito legal (donde según la ley una persona es superior a la otra por motivos de sexo, orientación sexual, religión, etc), ni moral (donde hacer sangre está bien visto en privado pero no en público, y el sexo es un mero cliché manejado con la misma sutileza y habilidad que un crío a cargo del NORAD), ni la valentía suficiente para hacer humor como se hace en otros países, pero es lo que hay.

Además, soy de la escuela de pensamiento que insiste en que cuando alguien o algo se lucra/recibe ayudas de fondos públicos pasa a convertirse en alguien que trabaja para nosotros. Repito: PARA NOSOTROS. ¿No lo ves bien, empresario/emprendedor/artista? Ve a otros mercados y depende de tu propio sudor, pero si decides tener una ayudita de Mamá y Papá Estado eres nuestro. Nosotros somos tus jefes porque trabajas para nosotros y te pagamos tu sueldo. Es así.

Y de propina el bombardeo con el anuncio de los Goya. Ay, ay, AY, si las ínfulas y las apariencias se tradujesen en dinero, calidad y talento quizá sí tendríamos respeto a toda nuestra “industria” cinematográfica patria, ¿no?

Tenemos un grave problema nacional de prioridades. En los medios veo los mismos cortes de pelo, los mismos gestos y las mismas horteradas. Carecemos de nombres propios y heterodoxias de importancia. Vivimos rodeados de pseudoartistas que desisten tras no alcanzar el éxito rápido y descerebrado. Conformarse, asentarse y civilizarse repitiéndose. Copias de copias.

O haciendo por siempre jamás las cuatro tonterías que los convirtieron en un One Hit Wonder, suplicando que al menos su círculo interno les ría las gracias. Qué sé yo.

Necesito un puto cigarro.

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