Comprar cosas es bueno.

Por el mero placer de hacerlo, ayer compré el Bulletstorm.Y resulta que tuvo movida, vía Fox News, por problemas de contenido. Es hora de recordar los principales mecanismos que tiene Norteamérica a la hora de adecuar (je) lo que los desarrolladores deciden publicar si la cosa no lo impide. Y ya de paso, hay que echarle un vistazo a esto. Supe su existencia gracias a la serie Studio 60, de Aaron Sorkin. Y de la MPAA, que esta gran película pretende destrozar.


Hackers on steroids, hablando de la Fox.

Para qué mentir, serán instituciones represoras influenciadas por el neoconservadurismo más puritano derivado de la homofobia y psicósis norteamericana que nos viene lloviendo desde los años 80, pero… y tomo aire para decirlo, al menos dejan las cosas claras y no se limitan a confundir al consumidor con pegatinas en vez de mensajes directos. Pegi tiene el apoyo de las compañías desarrolladoras, y siempre que recuerdo este hecho me viene esto a la cabeza:

 

Por cierto, un detalle: aún no he hablado de Australia y sus cosillas. O de esto. Verdaderamente el discurso de la censura y el crujir de huesos y alzar de brazos ante la violencia y lo sexual en lo audiovisual, porque ¿hace cuánto que no se forma un escándalo con algún libro, uno verdaderamente importante?, me encanta. Es oratoria y lingüística demente, sensiblera y extrema. Y, obviamente, increiblemente divertida. Y tiene posturas, enlaces, metodologías y discursos de autoafirmación inigualables.

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