Russian Red and her minions have taken…

Mi capacidad de aburrimiento es peligrosamente considerable, pero tiene sus ventajas. La cafeína como motor del sistema límbico y generador de ideas sigue el mismo patrón. En estas que yo me encontraba sin nada que hacer, un concepto peligroso semanas antes de los exámenes finales de la universidad en el ecuador de la carrera. Me encontré en la sección cultural de El País, que dejarán de regalar en la Complutense en unos días tras dos meses de promoción, el anuncio de la presentación del nuevo disco de Russian Red, Fuerteventura en la Fnac Callao esa misma tarde. Por qué no.

Russian Red es el seudónimo de la cantante Lourdes Hernández que a sus 24 años se ha convertido en una figura destacada del panorama musical. En nuestro país esto significa que el despelleje es inevitable por gran parte del fandom (como con Vetusta Morla). Ya fuese para sumarme al linchamiento o para simplemente poder hablar con propiedad, a favor o en contra, decidí interesarme por la presentación y por su obra musical. No tenía ni absoluta idea de qué clase de música hacían, ni había leido, ni escuchado, ninguna crítica que fuese más allá del tio, esto es una puta vergüenza porque te lo digo yo, y ya. No sé. Desconfío del hype, orientado tanto positiva como negativamente. El hype es igual que la euforia derivada de la hiperventilación, estimula pero está vacía, hueca, no produce ni es consecuente. Y su única moraleja posible que extraer de sus cagadas es algo tan obvio que ni siquiera necesitaría de su existencia para poder recordarlo: tómatelo con calma, que hablas poco y no dices nada.

Volvamos a la música. No había escuchado nunca su música (como con Vetusta Morla), o eso pensaba yo. La mañana del día de la presentación conseguí su primer disco, I love your glasses (2008). La primera canción es esta. Tal cual, proveniente de Camino (2008), de Javier Fesser. Advierto a quien lea esto que no soy, ni pretendo ser, crítico musical así que resumiré: me ha gustado. Simple y llanamente. No entiendo los motivos de tal fusilamiento, y menos sus motivaciones.

El acceso a la presentación de la Fnac dependía de tener un tiquet del disco sellado convenientemente. En caso de no ser así, no se podía entrar. Ese fue mi caso. Los encargados de la puerta me comentaron que esa era la política de la discográfica: el rentar la presentación del disco regalando un ejemplar a cambio del pago de la entrada para ver la actuación y la firma. Tras quedarme en la calle sin poder entrar, esperé por si se producía alguna novedad. Los encargados dejaron pasar con discrección a las tres personas que permanecían aún allí, un par de minutos tras el inicio del concierto.


El móvil no siempre es bueno para grabar estas cosas…

Lourdes Hernández en persona tiene un trato tan agradable como profesional que desarma. Si, es de esa clase de personas. Durante la actuación trastabilló un par de veces a la hora de dirigirse al público, nerviosa aunque contenta por estar allí. De sonrisa rápida y voz realmente inclasificable, durante la actuación y la firma lleva un vstido de lunares blancos sobre azúl que recuerdo haber visto en gente como mi bisabuela, y el pelo rubio recogido hacia atrás. Estuve bastante lejos del escenario y no pude fijarme bien, pero calculo que no superará el 1,65m de altura.

A la guitarra, interpretó aproximadamente 10 canciones (insisto, no tuve ocasión de entrar antes del inicio del concierto).


Definitivamente un Nokia C7 no es tan útil en estas situaciones como debería.

Tras lo cual procedió a la firma de ejemplares. No diré discos porque todos pensamos metonímica e imprecisamente en cds, y el mercado de vinilos sigue teniendo público.

Como en política, lo que demuestra o destruye la valided de cualquier artista, escritor o creador no es que pueda contentar a sus bases o a los aficionados ya establecidos y entendidos del tema, sino sorprender, convencer y conquistar a los desconocedores, escépticos y opositores a su creación. A su obra.

Porque bien fácil es criticar, pero no crear ni sorprender. Porque destripar el hype es un tendencia fácil de adoptar, pero no el argumentar tal cantidad de odio, risas y tontuna.

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